notas

Estudio de 43 años asocia café y té con 18% menos riesgo de demencia

Investigación con seguimiento de 43 años vincula consumo moderado de bebidas cafeinadas con una reducción relativa del 18% en el riesgo de demencia.

Publicado el 20 de marzo de 2026, 08:02 hs

Estudio de 43 años asocia café y té con 18% menos riesgo de demencia

Un estudio con 43 años de seguimiento encontró que el consumo regular de café y té se asoció con una reducción relativa del 18% en el riesgo de desarrollar demencia, según el informe difundido el 19/3/2026. El dato central es directo: 18% menos riesgo relativo entre quienes mantuvieron consumo moderado de infusiones cafeinadas a lo largo de la vida adulta. Este primer párrafo resume la conclusión principal y el alcance temporal del estudio.

¿Qué encontró exactamente la investigación?

El estudio siguió a participantes desde la mediana edad hasta la vejez durante 43 años y registró hábitos de consumo de bebidas cafeinadas y pruebas cognitivas, según el reporte publicado el 19/3/2026. Los autores reportan una reducción relativa del 18% en el riesgo de demencia para consumidores habituales frente a no consumidores (18% relativo, según el estudio). El beneficio apareció tanto en consumidores de café como de té, con mecanismos propuestos que incluyen interacción de la cafeína con receptores de adenosina y la acción de polifenoles y flavonoides como antioxidantes, según los autores. Además, el estudio define el consumo moderado como entre tres y cinco tazas diarias, y advierte que el exceso o la adición de azúcares y grasas podría contrarrestar beneficios.

¿Debo tomar más café para prevenir la demencia?

No es tan simple. El estudio muestra una correlación robusta tras 43 años de observación, pero correlación no equivale a causalidad. Los mecanismos biológicos que proponen (bloqueo de receptores de adenosina, menor estrés oxidativo por polifenoles) son plausibles, pero persisten riesgos de confundidores: estilo de vida, educación, actividad física y dieta pueden explicar parte de la diferencia observada. Los propios autores alertan sobre hábitos asociados, y el dato operativo —3 a 5 tazas por día— viene con la salvedad de consumo moderado y sin excesos de azúcar ni cremas. En resumen, no recomendamos usar el consumo de café como única estrategia preventiva; sí como un hábito posible dentro de un estilo de vida saludable.

¿Cómo impacta esto en Argentina y en la salud pública?

En términos poblacionales, la posibilidad de una medida preventiva accesible interesa porque la demencia ya es un desafío global. Según la Organización Mundial de la Salud, en 2020 había aproximadamente 55 millones de personas viviendo con demencia y se proyecta que esa cifra llegue a 139 millones para 2050 (OMS). Esa comparación temporal (2050 vs 2020) muestra la magnitud del problema que enfrenta la salud pública. Si el efecto del café y el té fuera causal y reproducible, su accesibilidad y bajo costo los harían herramientas plausibles para políticas de promoción. Sin embargo, cualquier recomendación pública precisa replicación, análisis de subgrupos y evaluación de riesgos cardiovasculares asociados a consumo elevado.

Qué podemos recomendar hoy: balance y prioridades

Vemos el hallazgo como alentador pero prudente. En la prevención de la demencia conviene priorizar intervenciones con evidencia sólida y multicomponente: controlar hipertensión, dejar de fumar, actividad física regular, estimulación cognitiva y dieta equilibrada. La Lancet Commission (2020) estimó que hasta un 40% de los casos de demencia podrían relacionarse con 12 factores modificables, lo que refuerza la necesidad de enfoques integrales. En la práctica: mantener consumo moderado de café o té (si se disfruta), evitar azúcares y grasas añadidas, y combinarlo con hábitos cardioprotectores. Para políticas públicas, hace falta replicación y estudios que evalúen impacto real en poblaciones diversas antes de recomendar cambios masivos.

Conclusión

El estudio de 43 años aporta datos valiosos y consistentes sobre una asociación entre consumo moderado de bebidas cafeinadas y menor riesgo relativo de demencia (18% según el informe del 19/3/2026). Es un golazo para investigar más, pero no cambia de golpe las prioridades de prevención: hay que integrar esto en estrategias globales que aborden los factores de riesgo modificables ya conocidos y priorizar replicación científica antes de convertirlo en política pública.

← Volver a notas